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Presentación II

UN CAMINO HACIA LA SEGURIDAD VIAL:
EL CONTROL Y LA PENALIDAD

UN CAMINO HACIA LA SEGURIDAD VIAL:
EL CONTROL Y LA PENALIDAD

Dra. Claudia Casemayor
Asesora de la Comisión de Transportes
de la Cámara de Diputados de la Nación

En nuestro país uno de los flagelos más grandes que padecemos es la falta de seguridad vial.

No nos resulta raro escuchar todos los días que alguna persona sufre alguna lesión en la vía pública, siendo peatón o conductor de algún vehículo.

El ordenamiento del tránsito debe constituirse como una de las principales labores en todos los estratos que conforman el Estado, y todos los operadores deben ejercer con responsabilidad dichos mecanismos.

Al estudiar lo que sucede en la Argentina se deben tener en cuenta por lo menos las siguientes cuestiones: que se ha incrementado enormemente el parque automotor, y que dicho incremento no ha sido acompañado por la infraestructura vial necesaria. Que producto de lo antedicho en las grandes urbes se hacen cada vez más largos los tiempos de viajes diarios porque las vías de acceso en horas consideradas pico se encuentran colapsadas de vehículos, se trata de personas que salen en sus autos particulares hacia los lugares de trabajo, sumado al transporte público que por supuesto en dichos horarios poseen más frecuencias de viajes al servicio del pasajero, y los vehículos de carga que abastecen las ciudades. En definitiva, da como resultado un sinnúmero de conductores queriendo llegar rápido a sus destinos, que con escasa infraestructura vial en cuanto a su capacidad hace una mezcla que produce consecuencias no deseadas. Aquellas cuestiones además repercuten de manera negativa en la forma de conducción muchas veces ocasionando que se tomen decisiones en contra de la legislación vial. La conclusión es obvia, conductores que exceden la velocidad permitida en cuanto ven que se libera el tránsito, que en la ciudad no respetan los semáforos, que no utilizan los indicadores luminosos propios y los ajenos, sumado a la utilización masiva y prohibida de los celulares que distraen y en cuestión de segundos el conductor pierde el control de lo que sucede a su alrededor.

Hasta aquí un resumen de la realidad del tránsito, y el trabajo que hay que realizar para combatir a una de las principales causas de muertes en nuestro país no es sencillo, pero no por eso imposible.

Se debe comenzar tanto por el desarrollo de alternativas de traslado como por el reordenamiento del tránsito.

El desarrollo de un transporte público de pasajeros de calidad dirigido a quienes aún contando con movilidad confortable propia elijan el transporte público, será así cuando se ofrezca un servicio que llegue a tiempo, cuando en origen y destino cuente con espacios de espera seguros, cómodos y aseados, y que al mismo tiempo se encuentren bien comunicados con otros tipos de transporte para que puedan vincularse con sus hogares y lugares de trabajo.

Así como la alternativa de contar con un sistema de transporte público eficiente es importante para bajar el caudal de autos en nuestros caminos, también lo es la educación vial desde los niveles iniciales, para crear conciencia, aprender que todos formamos parte de la comunidad vial y que una decisión en contra de la normativa tiene consecuencias para el resto.

Por último, la necesidad de contar con la fuerte y permanente presencia de las autoridades de aplicación. La realidad nos demuestra que la legislación puede ser de vanguardia pero lo escrito no sirve de nada, si no existe la decisión de controlar en las calles, rutas y autopistas sea con presencia de las autoridades de control y contando con equipos móviles que detecten las irregularidades y malas prácticas de manejo; o bien con equipos instalados en un lugar fijo homologados que controlen infracciones. De cualquier manera, la finalidad del control junto con un sistema de penalidades eficiente que haga sentir al conductor o al peatón que puede ser infraccionado, es persuadirlo a que no realice esas conductas consideradas no deseadas.

En materia legislativa se debe pensar en herramientas que sirvan de prevención de incidentes y accidentes viales. Y cuando se habla de prevención, sabemos que contamos con una legislación vial que prevé sanciones para quienes infraccionan las leyes de tránsito, y con una ley penal para sancionar, en última ratio, los casos que son considerados que han tenido consecuencias más gravosas. Que una conducta esté penada significa que detrás de ella se está tutelando un bien, algo que nos es propio. La vida, nuestra integridad física, es unos de los principales bienes jurídicos tutelados por nuestra legislación. A través de este ordenamiento que prevé penas para quienes los vulneren, se puede desde este análisis, pensar como herramienta de prevención de accidentes de tránsito, y de esa manera proteger la vida, la integridad física y la salud. Penar una conducta tiene la intención de persuadir a una persona a que no la realice.

Es por ello, y a modo de conclusión, que para mejorar la calidad de vida de las personas que se encuentran en la vía publica interactuando constantemente, no sólo es necesario un sistema de normas que penalicen y sancionen las conductas no deseadas para la comunidad vial, sino que también e igual de preponderante es la presencia del control en la vía pública, al punto que la ausencia de las autoridades de aplicación de las normas de tránsito harían un sinsentido la letra de las mismas.